El Hombre Demolido, de Alfred Bester – Comentario

El Hombre Demolido,El Hombre Demolido,
Más Tensión, dijo el Tensor
Más Tensión, dijo el Tensor
Tensión, comprensión
y comienza disensión




Título: El Hombre Demolido
Año de Publicación: 1953
Autor: Alfred Bester
Premio Hugo 1953

Imagina la más astuta de las novelas policíacas, agrégale un inteligente policía cuya habilidad telepática -habilidad de Esper 1- le permite leer la mente de los sospechosos. Imagínate siendo el asesino de un famoso empresario, conviviendo en una sociedad donde muchos poseen la habilidad de leerte la mente y saber lo que piensas. Imagina que debes burlar a la policía, que debes ocultar el asesinato. Imagina que tú, el asesino, además eres un empresario famoso y que todas las pistas apuntan hacia ti. Imagina que estás en pleno siglo XXIV y que tu única salida es ocultar tu mente y mover las piezas a tu alrededor para que el más astuto y hábil policía no te mande directo a la demolición.

En ese angustiante ambiente de crímen y persecusión, donde el asesino no está a solas ni en su mente, nos zambullimos a lo largo de la lectura de El Hombre Demolido. Ben Reich, el protagonista de un crímen abominable en una sociedad en la que el asesinato es considerado un acto barbárico de un pasado ya remoto, busca enfrentar la justicia después de sufrir una pesadilla recurrente donde es asediado por un hombre sin rostro. La pesadilla, aunada a los problemas de negocios y la carencia total de escrúpulos, llevan a Reich a vivir una carrera contra las recopilación de evidencias y contra Lincoln Powell, policía dedicado a atrapar al verdadero asesino.
Con un personaje maquiavélico, un policía incansable y habilidoso, además de una trama inteligentemente manejada en un futuro que mezcla la tecnología, la telepatía y la decadencia, esta novela termina siendo una joya de la ciencia ficción. La riqueza de los detalles importantes, la tensión -dijo el tensor- y el desenlace, enganchan hasta el final, sorprende y hasta enamora. Eso sí, a veces los personajes parecen un club de arpías, un puñado de villanos de telenovela, con mucha mucha inteligencia, pero con demasiada astucia prefabricada e intriga. Los personajes principales colocan trampa tras trampa, en un mundo donde la privacidad es proporcional a la capacidad que se tenga para controlar los pensamientos. Lo que menos me gustó de esta novela fue la utilización de personajes prototipo, en alguno de los casos. Tenemos al desalmado y sin escrúpulos en Ben Reich, a la doncella exageradamente ingenua pero muy bella que parece ocultar algo en Barbara D’Courtney, a la vacía, elegante y extrambótica María Beaumont o al gradulón en Quizzard. Recuerda a ratos a esas películas policíacas de los años cuarenta, con asesinatos en grandes mansiones, con lujosos sospechosos y policías que parecen sabérselas todas, películas en donde se puede conocer al personaje con sólo verlo. Quizás esto le dio también un toque retro a un mundo futurístico, con muchos avances tecnológicos, tras una gran guerra. Un mundo donde el hombre ha colonizado el sistema solar, ha extendido sus corporaciones a varios planetas y se mueve hacia una economía sin precedentes.  Un mundo alejado de la sordidez y austeridad del cyberpunk, pero acompañada de un sabor añejo que recuerda a las novelas policíacas de Agatha Christie.
Lo más notorio es la fabricación de la estructura. la tensión constante y su ingenioso desenlace. La idea de un asesino en un mundo donde pueden leerle la mente trae consigo muchos “¿Y que tal si…?”, y Bester resuelve los más interesantes, como ¿Qué tal si el asesino es un famoso empresario? ¿Qué tal si el policía a cargo es un esper 1? ¿Qué tal si la mente de los espers termina siendo más poderosa de lo imaginable? No sé si se puede realmente ocultar los pensamientos de manera que un esper,  al estudiar e indagar en los más recónditos lugares de la mente, pueda obviar que el observado ha cometido un asesinato. No soy una experta en el tema, por supuesto, pero me he dado cuenta -por experiencia propia y por la ayuda de Descarte- que la mente funciona continuamente, piensa continuamente, incluso cuando creemos que no estamos pensando.
La mente crea pensamientos audibles, esos en los que quizás recordemos una voz, una canción o hablemos con nosotros mismos. Y, al mismo tiempo, están esos otros pensamientos casi imperceptibles, sin imágenes, sin sonido, sin voces, pero existentes, latentes, como si la mente se negara a dormir. Todos esos pensamientos podrían o no convivir en la mente al mismo tiempo, dependiendo de la actividad que se realice. Entonces, la sola idea de vivir en un mundo así, sin privacidad nos hace analizar la integridad del ser humano, su individualismo, dónde comienza y termina el derecho del ser humano de crear, pensar o imaginar para luego expresar. Si convives con personas capaces de escuchar y ver la mente en el mismo momento en que creas, inventas, piensas, no existe entonces la oportunidad de, efectivamente, expresar lo pensado, lo creado, lo imaginado. La expresión es instantanea, la forma se pierde y se desnaturaliza. Al final del libro Powell aclara su punto de vista, y, siendo él mismo un esper, no parece pensar que la habilidad sea realmente un gran don.
También está el otro punto de vista, el mundo soñado de la telepatía, sin la muletilla del lenguaje, sin la comunicación más o menos efectiva pero limitada que hemos creado a través de los sonidos y las palabras. La capacidad podría ser vista como un más alto nivel de comunicación, más connotativa que denotativa. Pero, a la vez, como una pesadilla donde la definición de lo que es ser humano cambia, dejando atrás su individualidad. Claro está, como herramienta de trabajo para un policía, es más que útil, aunque en la novela se respeta tanto los pasos de una investigación que, incluso en un mundo de espers, el leer la mente no lo es todo.

(Si no has leído el libro, deja esta reseña a esta altura, pues lo que viene te podría arruinar por completo las sorpresas de la novela)
Lo mejor del libro es el núcleo de la historia, la premisa mil veces demostrada pero nunca obsoleta: un hombre comete atrocidades de las que no se arrepiente, sus acciones lo acorralan y en el punto más álgido se quiebra y termina sumido en la locura. La demolición.
Luego está la catexis, como herramienta para enfrentar a Reich cara a cara con sus acciones. Descuadra en el preciso momento en que el lector cree que ya sabe todo lo que sigue. Despierta cuando ya se predice un final lógico. Abre interrogantes sobre el poder de la habilidad esper, más allá de cualquier otra cuestión relacionada a la “simple” lectura de la mente o método semejante a la telepatía. Con la catexis, Powell y sus colaboradores logran modificar la realidad de Reich, trasladarlo a un mundo falso, acorralarlo, desarmarlo y desmoronarlo. La técnica sorprende y logra el cambio en el personaje. Reich va dejando a su paso amigos traicionados con tal de mantener su libertad. No es el tipo de hombre que se arrepienta y, de hecho, nunca lo hace. Termina entonces desplomándose cuando aquello por lo que tanto peleó se le escapa de las manos. Su mundo cambia radicalmente, en un ejercicio interior que extrae al Hombre sin Rostro de sus pesadillas y lo obliga a verlo de frente. Excelente recurso de Bester para representar los miedos ocultos de un hombre adulto, no tanto por la originalidad pues las pesadillas pueden estar cargadas de muchas frustraciones arrastradas de la infancia, no es nada nuevo, sino por la oportunidad de ver una pesadilla como esa convertida en la realidad, tangible e inexorable.
Al no poder soportar la realidad que se le ha puesto en frente, Reich se quiebra, se rinde y termina entregado a la locura. A la demolición.
Algunos links interesantes sobre los esfuerzos de la ciencia por leer la mente:

Nasa transmite los pensamientos
The Silent Speaker
Nasa can hear unspoken words

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